LUTGARDO GARCÍA. TRES HORAS CON UN POETA

Cuando propuse esta actividad para la asociación, una comida coloquio con un poeta, no percibí mucho entusiasmo. En estos momentos, la poesía es un género literario para minorías. Algunos me dijeron frases como “no sé si iré, la poesía no es lo mío”;  “tres o cuatro horas de poesía va a ser mucha tela”; “ni voy ni leo los pregones porque hay mucho ripio y mucha cursilería”…en fin, como para haberme planteado aparcar la idea. Después, una vez propuesto en firme, a pesar de las dudas iniciales de algunos, hubo un nivel de asistencia muy bueno y el resultado, incluso para los más escépticos, fue espectacular.


Y lo fue porque desde el primer momento la sencillez, proximidad y humanidad de Lutgardo cautivó a los asistentes y cuando abrió su primer libro “La viña perdida”, cuando nos contó la dimensión personal que tiene para él esta obra y cuando leyó el primer poema, se hizo un silencio maestrante, difícil de conseguir en una mesa con 31 comensales con vasos y platos por delante. En ese momento me dije que estaba asegurada su salida a hombros por la vecina, y muy cofrade, Cuesta del Bacalao. Así hubiera sido si la edad media de los asistentes hubiera sido la del poeta

Cómo estará la casa ahora que no la habito.
Ahora que no resuenan nuestras voces y besos
Por las claras ventanas que a la sierra se asoman.

 

Así comenzamos, con estos versos de La viña perdida. Con aires de Galaroza. Con sus primeros momentos de conversación, profundas a veces, con sus hijos pequeños, mientras añoraba la pérdida del padre.  

Allí no tendrás miedo a las noches
porque habrá sol-será siempre verano-
y tendrás un balón, y esta piscina
y tu mano en el hueco de mi mano. 


Durante tres horas recorrimos su obra. La viña perdida, Lugar de lo sagrado, Cuaderno de las Teresas y El tiempo vivido. Hablamos sobre su experiencia como escritor, de sus recuerdos en la finca La viña perdida de Galaroza, de su  maestro Aquilino Duque y de otros poetas que le sirvieron de inspiración y ayuda en sus primeros momentos. Y también hablamos de su pregón y de su intenso año como pregonero. Tres horas que nos supieron a poco y que nos ayudaron a querer a la poesía y al poeta. Tres horas que nos ayudaron a entender las palabras que le dedicaba Aquilino Duque en el prólogo de su primer libro; “Hasta ahora era muy poco lo que yo sabía de Lutgardo, pero ese poco me bastaba para ver en él a alguien incapaz de separar la verdad de la belleza. Tampoco hace distingos entre lo vivido y lo soñado y, si es cierto que se canta lo que se pierde, también lo es que muchas veces se encuentra lo que se canta”


Y tres horas también para querer el lugar en el que habitamos, un lugar que no para de engendrar grandes poetas como Bécquer, los Machado, Cernuda, Montesinos, el citado Aquilino Duque y Lutgardo García y tantos otros...


Recordando ese lugar terminamos. Con el mismo poema que terminó su pregón de Semana Santa en 2015.

¿Conocéis el lugar donde, encima del río,
la bisagra del puente une mis dos orillas?
Ese lugar es nuestro, es un sueño de luz
que hoy enciende mis labios…y se llama Sevilla.

 

José Molina

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