OCNOS de LUIS CERNUDA

Creo que fue el recientemente fallecido Gabriel García Márquez quien contaba que cuando en su juventud terminó de leer “El gran Meaulnes” de Fournier, comenzó leerlo otra vez, y luego otra y así no sé hasta cuantas veces. Pues algo parecido me está ocurriendo con Ocnos, no sé cuantas veces serán las que lo lea consecutivamente, porque todavía continúo hipnotizado con estas sublimes páginas de prosa poética que Luis Cernuda dedicó a su querida y odiada ciudad de Sevilla. Leo una y otra vez esta preciosa edición de Turner que tengo junto a mí. Quizás sea yo ese asno que no paraba de comer las palmas trenzadas por Ocnos, o quizás sea porque yo también nací en otoño “encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año, que es la tuya, porque en ella has nacido”.

No sé cómo he podido estar tanto tiempo sin leer éste libro, que está tan presente en las calles de mi ciudad, gracias a la buena iniciativa que se tuvo en el año 2002, centenario del nacimiento del poeta, al colocar fragmentos de esta obra en pequeñas lápidas de mármol en los distintos lugares evocados en Ocnos. Más de una vez cuando leía estas lápidas, me repetía que tenía que leer la obra completa de la que se habían extraído aquellos fragmentos tan bellos. Ha tardado en llegar el día, pero creo que ha llegado cuando tenía que llegar para que la disfrutara como la estoy disfrutando.

Hasta ahora solo había leído de Cernuda, algunos de los poemas recogidos en su obra “La realidad y el deseo”. Unos me gustaron mucho, “Si el hombre pudiera decir”, por ejemplo, y otros no me gustaron nada, como ese “Díptico español” cargado de resentimiento hacia su país, sus paisanos y quizás también hacia sí mismo.

Luis Cernuda forma parte de un grupo de sevillanos como Bécquer, Machado y Chaves Nogales, que tuvieron que abandonar Sevilla para conseguir un reconocimiento que una ciudad narcisista y provinciana se negaba a darles, porque estaba ella muy concentrada contemplándose el ombligo, mientras le jaleaban esas fuerzas “vivas” que defendían, y defienden, que no hay nada que cambiar porque se ha alcanzado la perfección y que nadie ose hacer o decir algo distinto a lo que mandan los cánones, si no quiere sufrir el rechazo o el aislamiento. Desgraciadamente sigue habiendo mucho de eso, pero también hay que decir, como hace Ismael Yebra, que existen (existimos, me incluyo) y quiero pensar que cada vez más, muchos paisanos de Cernuda que no somos como él los sufrió. Decía el poeta a sus paisanos “No me queréis, lo sé, y que os molesta cuanto escribo” pues no es así Luis Cernuda, Ocnos, y muchos de tus poemas, no solo me gustan, me emocionan. También dijo “escritor bien extraño, sujeto quedo aún más que otros al viento del olvido que, cuando sopla, mata”, ese viento del olvido, afortunadamente sigue sin soplar para Cernuda, más bien al contrario, probablemente, como ha ocurrido con otros muchos que abrieron nuevos caminos, sea más valorado ahora, cincuenta años después de su muerte, que durante su vida.

El año pasado, con motivo precisamente del 50º aniversario de su muerte en tierras mejicanas, y por iniciativa de varios devotos cernudianos, la Fundación Cajasol editó un libro muy recomendable titulado “A Luis Cernuda desde Sevilla, 1963-2013”, en él participan varios autores con apuntes sobre su vida y su obra, incluso hay un texto sobre la compleja personalidad de este solitario poeta, realizado por un psiquiatra, el doctor Rodríguez Sacristán. También la pintora Carmen Laffón se sumó al homenaje realizando una litografía que ilustra la portada del libro.

Ocnos, según escribe Paco Robles en un interesantísimo texto que incluye A Luis Cernuda desde Sevilla, es un canto al amor callado de su vida, a la ciudad de Sevilla, pero yo creo que lo es más, como también dice Robles en su artículo, a una época de su vida, a su infancia y primera juventud, un canto a aquellos momentos de nuestras vidas cuando el tiempo aún no había conseguido alcanzarnos, Cernuda dedica a esa época vital frases en Ocnos y versos en otros poemas como “¡años de niñez en que el tiempo no existe!”... “¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?”…”…como entonces me poseía el delirio del amor”…”…Si queréis que ame todavía, devolvedme al tiempo del amor” “…lo que así recreas es el tiempo sin tiempo del niño, los instintos aprendiendo la vida dichosamente, como la planta nueva aprende en suelo amigo…”. Luis Cernuda volvió con Ocnos, desde su exilio escocés, a su infancia y juventud en Sevilla, la ciudad a la que en ningún momento de la obra cita por su nombre, Cernuda volvió al tiempo en el que amó.

Más tarde habías de comprender que ni la acción ni el goce podrías vivirlos con la perfección que tenían en tus sueños al borde de la fuente. Y el día que comprendiste esa triste verdad, aunque estabas lejos y en tierra extraña, deseaste volver a aquel jardín y sentarte de nuevo al borde de la fuente, para soñar otra vez la juventud pasada” (Ocnos, “Jardín antiguo”).

Trause. Mayo 2014.

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