VELADA CON JUAN ANTONIO RUIZ “ESPARTACO” EN LA HACIENDA EL VIZIR

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Con el cuidado con el que Fermín Díaz preparó el lugar del encuentro y con la cantidad de vivencias de nuestro invitado Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, unidas a su amabilidad, proximidad y sencillez a la hora de compartirlas, era imposible que el evento no resultara como resultó, entrañable en el sentido literal de la palabra: íntimo y muy afectuoso.

En el silencio de la noche en la hacienda, un pasillo de candilejas nos condujo hasta el patio de caballos donde ardían dos hermosos fuegos. A su calor nos tomamos un aperitivo durante el que tuvimos el primer acercamiento a nuestro invitado. Para la cena, nos habían preparado el salón Cañada Real, donde tan buenos momentos hemos pasado algunos de nosotros. Es un salón con dos chimeneas, decorado con aires taurinos y que abraza el ruedo de la plaza de toros de la hacienda. Es un coso en el que muchos toreros se han entrenado, especialmente Espartaco. El Vizir, como después nos dijo, era su lugar de concentración previo a la Feria de Abril.

La mesa muy bien decorada y el menú largo y de calidad. Enhorabuena y muchas gracias por todo, Fermín y también a nuestro socio Alfonso Orti que se encargó de la coordinación del evento.

El programa contemplaba cenar después de unas palabras de bienvenida por mi parte y de que Juan Illanes hiciera una brillante y muy personal semblanza de Juan Antonio como torero y como persona (que publicamos a continuación), y al final de la cena mantener el coloquio, pero no pudo ser. La buena disposición del invitado y las ganas de los asistentes por preguntar lo adelantó, y prácticamente mantuvimos el diálogo durante toda la cena.

Me encantaron las palabras de Juan Antonio sobre el esfuerzo y el sentido de la responsabilidad, sobre el grado de autoexigencia que le inculcó su padre y el reconocimiento del hijo al sentido de esa exigencia. Deliciosas las anécdotas sobre el entrenamiento que su padre le hizo en el teleférico de Rosales en Madrid, diciéndole “hijo, pues el avión es como esto pero más alto”, el simpático engaño con el que pudo escaparse de su padre estando en Colombia para ir a conocer a Brooke Shields a Cartagena de Indias. También me resultaron emotivas su sinceridad y falta de resentimiento, cuando reconoció, con un poco de tristeza, que tuvo que pagar un precio muy elevado por el éxito. Perdió parte de su infancia y de su juventud. Juan Antonio debutó con doce años.

En cuanto a su visión del arte de los toros, me resultó especialmente interesante su reflexión sobre la dificultad del arte de la tauromaquia. Un arte que se representa en directo y que en ocho minutos tienes que interpretarla con un animal, con el que no es posible realizar ensayos previos y del que solo tienes la información de lo que otros hermanos suyos pudieron hacer en corridas anteriores. La importancia que tienen los detalles: la voz con la que te diriges al toro, el lugar de la plaza donde realizas la faena y las características del público de la plaza donde toreas. Todo ello en ocho minutos y jugándote la vida.

Me gustaron también las palabras de su hermano Víctor, que acudió a la cena acompañado de su mujer; “Juan es el hermano mayor que a cualquier persona le gustaría tener”. Fermín, que también acudió acompañado de su mujer Ana María, resaltó el sentido de la amistad y de la responsabilidad de Juan Antonio.

Una velada maravillosa. Gracias Juan Antonio, gracias a tí y a todos los que la habéis hecho posible.

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JUAN ANTONIO RUIZ “ESPARTACO”

Por Juan Illanes

Esta noche tendremos la suerte y el privilegio de compartir una grata tertulia con una extraordinaria figura del toreo y con una extraordinaria persona, buen amigo de sus amigos, que ha aceptado la invitación que le solicitó nuestro común amigo Fermín Díaz. Con todos nosotros Juan Antonio Ruiz “Espartaco”.

Maestro, en nombre de los que formamos parte de la Asociación Cultural Albariza quiero agradecerte que hayas podido asistir a este acto, que nos honres con tu presencia y que a lo largo de esta grata velada podamos conocerte un poco más, podamos conocer más y mejor ese maravilloso mundo del toro que con tanto esfuerzo, tanto trabajo tantos sacrificios, tantos sinsabores has vivido y qué también tantas satisfacciones, tanta gloria, tanta belleza y tanto éxito también has disfrutado. Superando mil vicisitudes has ido abriendo tu cuerpo como un gladiador a la historia de la tauromaquia, por lo que imagino debes sentirte muy orgulloso, inmensamente orgulloso.

Tu dilatada vida profesional ha creado un largo curriculum en el mundo de los toros. Con trece años ya toreabas en festivales, con dieciséis años te atreviste con novillos con caballos y muy joven, en 1979, te doctoraste en Huelva, ejerciendo como padrino otro fenómeno, Manuel Benítez “El Cordobés”. Formaste un lío grande, cuatro orejas, dos por toro, en la plaza de La Merced, no está nada mal para empezar, tuviste una carrera meteórica en pleno desarrollo de tu juventud.

En 1982 abres, por primera vez, la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla, compartiendo cartel con dos figuras consagradas, Curro Romero y Paquirri, (¡COMO TE DEBISTE SENTIR ESA TARDE TOCANDO CON TUS MANOS, TU PENSAMIENTO Y TU CORAZÓN EL CIELO DE SEVILLA!).

Al poco tiempo y con veintipocos años te ceñiste la corona del gladiador victorioso y empezaste a ser líder del escalafón, cabeza visible como primera figura del toreo, figura indiscutible y estuviste de mandón, mandando tela, tela, en ese difícil mundo taurino varias temporadas, 1985, 86, 87, 88, 89, 90 y 91, siete largas temporadas en la cima del toreo, y sin que tus éxitos enturbiaran un ápice tu categoría humana, tu bonhomía, tu sencillez, tu generosidad con los tuyos, tu alegría, tu amistad con tus amigos de verdad, y todo ello enriqueció aún más, si cabe, profesionalmente tu figura, tu toreo, tu extraordinaria técnica, tu valor, tu privilegiado conocimiento de los terrenos, tu inteligencia al plantear la faena según observabas las condiciones del toro y tu determinante poderío con la suerte de matar, que lograbas casi siempre realizar de forma eficaz y contundente.

Se me viene a la cabeza, una charla que mantuvimos aquí en El Vizir hace muchísimos años en “petit comité” con nuestros amigos Fermín Díaz, David  Soto y un servidor. Con tu permiso la voy a contar. Estábamos en una mesa celebrando un acto con motivo de hacernos socios del Club Ricard, que dirigía nuestro amigo Fermín y te acercaste a tomar un refresco, una Mirinda de naranja, a nuestra mesa y hablando de tu mundo, nos confesaste con esa sencillez, sinceridad y honestidad que te caracteriza “Mirad yo soy matador de toros por mi padre, él se empeñó mucho, insistió, peleó, no paró de aconsejarme hasta convencerme que podía ser torero y yo le decía, papá a mí los toros no me gustan, me atemorizan, no quiero verlos ni en pintura” y nos decías “por favor creedme, no quería ponerme delante de un toro por nada del mundo”.

Qué curioso, cómo la insistencia, la intuición, la perseverancia y ese sexto sentido de la sangre, de la genética y de la casta, pudo calar en ti para ser figura indiscutible del toreo.

Tu padre dio en la diana y tú llenaste de satisfacción, de méritos y de valores tu trayectoria profesional y humana. Desde esa confesión, todavía te admiro más. Formas parte de esa leyenda, tan selectiva, tan selecta, de las figuras de matadores que marcaron época, porque hay en la historia de la tauromaquia muchos, muchísimos matadores, que han vestido con orgullo, el traje de luces, pero líder del escalafón mandando durante varias temporadas, leyenda viva en varias épocas, POCOS y entre ese núcleo de elegidos puedes sentirte orgulloso, pletórico y excepcionalmente: ENTRE LOS GRANDES, AHÍ ESTÁS TÚ ESPARTACO.

Termino con una breve reflexión como aficionado a los toros, sin etiquetas ni partidismo de estilos, me gustan las faenas buenas, redondas, sea quien sea el torero que la ejecute, valorando mucho el arte, el valor, la actitud, la buena vibración del maestro, así como la bravura la transmisión, la nobleza del toro y la resolución y planteamiento de ese arte, de esas emociones, que se desarrollan en el ruedo, de esa complicidad que se establece entre el torero, el toro y el aficionado.

El milagro de una gran corrida de toros, de una gran faena, ante esa inmensa incertidumbre que entraña, en esta maravillosa manifestación de arte, el resultado de la corrida que puede ser triunfo, fracaso, aplausos, silencios, bronca, aunque el cartel esté lleno de primeras figuras y de prestigiosas ganaderías. Esta maravillosa incertidumbre de resultado, no se produce en ninguna otra manifestación del arte.

Por todo ello, Espartaco, te damos las gracias para que sigas con pedagogía, con tertulias como esta, creando afición y que contribuyas a que desde pequeños los jóvenes admiren y se aficionen a esta maravillosa fiesta nacional tan denostada y cuestionada actualmente. Desde nuestra Asociación Albariza seguiremos aportando nuestro granito de arena para construir una montaña de arte donde se reflejen valores, principios, orgullo, esfuerzo, lucha, y casta, mucha casta ante tanta TIBIEZA.

Por último, y como ejemplo de casta, de lucha ante la adversidad no puedo dejar de expresar un OLÉ clamoroso maestro por esa pelea, que mantuviste con tu problema de rodilla, lesión causada jugando al fútbol y que después de varios años, varias operaciones y cogiendo vuelos Sevilla-Barcelona a diario para la rehabilitación médica. Te mentalizaste (siguió viva tu casta) con que la lesión de la rodilla no te iba a apartar de lo que más quieres, no te iba a apartar de los medios y que volverías a vestirte de luces y torear y triunfar otra vez, lo conseguiste ¡ASÍ ERES ESPARTACO! Así te veo yo maestro.

Gracias.

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