“SEVILLA DESAPARECIDA”. ENCUENTRO CON NICOLÁS SALAS

Nicolás Salas

Fue un encuentro realmente entretenido el que tuvimos con Nicolás Salas, con quien compartimos el almuerzo de la “jornada de reflexión”. Elegimos como tema central uno de sus libros, “Sevilla desaparecida”, un auténtico álbum de la destrucción de parte del patrimonio de la ciudad durante los siglos XIX y XX. Desde el expolio y la destrucción sufrida durante la invasión napoleónica hasta las destrucciones de las plazas del Duque y de la Magdalena en la segunda mitad del siglo XX. Contiene esta obra más de 700 fotografías que nuestro invitado ha ido acumulando a lo largo de más de cincuenta años de coleccionismo. Utilizando la expresión del propio autor es “un catálogo de la ciudad perdida”.

Elegimos este libro porque consideramos que contiene un material fotográfico de especial interés que lo convierte en imprescindible en cualquier biblioteca sobre temas sevillanos. Pero pudo ser cualquier otro de Nicolás Salas: El último sobre el Tamarguillo, o el que escribió sobre el tranvía, o Tablada o los puentes de Sevilla o sobre el expolio de España (bueno este no porque era la “jornada de reflexión”). Todos ellos son interesantes, pero lo que es una delicia es el coloquio con el autor, por su proximidad, amenidad, su franqueza en las respuestas, unidas a los conocimientos adquiridos a lo largo de su dilatada y fructífera vida profesional como escritor y periodista y, sobre todo, por las muchísimas horas de estudio e investigación, labor para la que cuenta con una biblioteca personal de veinte mil volúmenes que, apresuradamente, tuve la oportunidad de conocer la misma mañana del coloquio.

El encuentro se celebró en el restaurante Lilian (destacamos la merluza con gratinado de ali-oli). Encantadores Jacqueline y su hijo Alejandro, muchas gracias por vuestra hospitalidad con esta asociación. Antes del almuerzo, Nicolás Salas nos introdujo en el tema. Fue imposible evitar que el coloquio (en principio previsto para los postres) se prolongara durante toda la comida. No dejamos comer tranquilo a nuestro invitado, que solo descansó mientras que lo presentábamos al comienzo del acto, presentación que transcribimos a continuación.

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NICOLÁS SALAS Y LOS SILENCIOS DE SEVILLA.

Era el verano de 1964. Yo iba a cumplir diez años. Puedo poner la fecha en pie perfectamente porque mi madre estaba embarazada de la más joven de mis hermanas. Ese verano nos fuimos de vacaciones a Navacerrada, todo un acontecimiento para una familia acostumbrada a vacaciones en lugares más cercanos o agostos en cines de verano y piscinas de Sevilla.

El viaje lo hicimos en tren hasta Madrid desde donde tomamos otro del que debíamos apearnos en Cercedilla, pero mi padre se despistó y pasamos de largo la estación. Llegamos hasta Segovia y ya no había ningún tren de vuelta, por lo que tuvimos que hacer noche en la ciudad del acueducto y volver muy temprano a la estación a la mañana siguiente para tomar el primer tren que nos llevara de nuevo hasta Cercedilla.

Recuerdo que en la estación de Segovia había una locomotora de vapor que me deslumbró. Me recordaba las que veía en el cine en las películas del oeste. Me escabullí de la vigilancia de mis padres, cosa que, para desesperación de ellos, hacía con demasiada frecuencia, y me acerqué para verla bien.

Había dos hombres charlando mientras la miraban. Uno le decía al otro, que llevaba uniforme de ferroviario:

¡Parece mentira que todavía uséis estas máquinas! No hombre, no, le respondió el ferroviario, aquí ya no las usamos, estas las enviamos para Andalucía.

Yo no conseguía entender lo que estaba oyendo. ¿Por qué lo que no servía en Segovia sí servía en Andalucía? Aquello se me quedó grabado. Ese recuerdo despertó en mi juventud una curiosidad que me animó a leer revistas y libros de autores que analizaban las causas del retraso económico de Andalucía.

Diez años después de la conversación en la estación de Segovia, cuando ya estaba a punto de cumplir veinte años, descubrí el anuncio de una revista mensual que iba a lanzar su primer número a la calle. La Ilustración Regional se llamaba. Me suscribí. Todo un esfuerzo, teniendo en cuenta mi modesta economía de estudiante. Aún conservo los dieciséis números que los entusiastas promotores consiguieron publicar. En septiembre de 1974 pusieron en los kioskos su primer ejemplar y diecisiete meses más tarde tuvieron que cerrar, después de sufrir numerosos problemas económicos y con la censura.

A modo de ejemplo, uno de los números fue secuestrado judicialmente porque, según los responsables de la censura, “atentaba contra la unidad nacional”. Conservo la carta de la editorial en la que nos explicaban a los suscriptores los motivos del secuestro de una publicación editada por una empresa cuyo presidente era Jaime García de Añoveros y el consejo de administración estaba formado, entre otros, por Soledad Becerril, Manuel Olivencia, Miguel Rodríguez-Piñero, Álvaro García Carranza… verdaderamente resultaba un grupo muy peligroso para la unidad de la patria.

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Pues bien, en el número uno de La Ilustración Regional me encontré, por primera vez con un periodista bastante joven, que ya era Redactor Jefe de ABC. Nicolás Salas era su nombre. Escribía un artículo en el que decía cosas que debieron resultar incómodas para la administración. “Andalucía, víctima de la política de promesas”, llevaba por título. Desconozco los motivos por los que no volvió a escribir ningún otro artículo en la revista.

Dos meses después de leer dicho artículo, compré su libro “Sevilla complot del silencio” (no sé si lo compré o me regalaron, no lo recuerdo, me surge la duda porque la fecha que escribí en una de las páginas de cortesía del libro es la del día de mi cumpleaños del año 1974).

Fue una obra que sufrió un duro camino con la censura antes de que se autorizara su publicación. Para mí fue el primer libro de un Nicolás Salas que ya había publicado otros tres. En este libro, denunciaba el silencio de los andaluces en general y de los sevillanos en particular, ante la falta de interés de la administración para la ejecución de grandes proyectos que se iban quedando en el olvido o en beneficio de infraestructuras situadas en otras regiones españolas: El canal Sevilla-Bonanza, Siderúrgica del Sur (que finalmente se fue a Sagunto), proyectos ferroviarios y urbanísticos de Sevilla, como el de la calle San Fernando, etc.

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En el prólogo, Nicolás Salas, decía “Hay que distinguir entre el silencio como virtud y la ocultación como defecto. Quienes hablan cuando deben callar, son imprudentes, quizás temerarios, o hablan para hacer daño. Y quienes callan cuando deben hablar, pecan por omisión, y quizás incurran en cobardía y traición, pues su silencio puede suponer daño para la comunidad”…(en Sevilla)…hasta el albero es cómplice del silencio… los silencios de la Maestranza, que no se dan en ninguna otra plaza del mundo, encierran toda una filosofía del comportamiento humano”.

Estos mismos silencios son los que se han ido produciendo en gran parte de la sociedad sevillana a medida que la ciudad iba perdiendo, para siempre, el patrimonio cultural que Nicolás Salas recoge en su libro “Sevilla desaparecida”, que será el eje principal, pero no único, de nuestro coloquio.

Hoy ya son cerca de cincuenta los títulos publicados por este escritor galardonado con los premios Ciudad de Sevilla y Ateneo de novela.

En su amplia faceta periodística, resaltar, entre otros, el premio Luca de Tena logrado en 1981. Ocupó durante ocho años la dirección de ABC de Sevilla, años en los que este diario se distinguió notablemente por la defensa del patrimonio cultural de Sevilla. Durante catorce años fue adjunto a la presidencia de Prensa Española. En la actualidad colabora cada miércoles y domingo con Diario de Sevilla.

Fue asesor del ministro Clavero en el primer gobierno de la democracia con quien también compartió reinado en la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla del año 1977. La terna fue de lujo: a Melchor lo encarnó el maestro Quiroga, a Gaspar el entonces ministro Manuel Clavero Arévalo y Nicolás Salas fue, ¡nada menos! que el rey Baltasar.

La síntesis del mundo de nuestro invitado, la podemos encontrar en su exlibris, donde podemos ver la pluma del escritor. Como muestra de su amor por Sevilla aparecen el Giraldillo y el Puente de Triana, ese que une Sevilla con el barrio que le nombró hijo adoptivo en 1992 y “Trianero del año” en 1998 y en el que se encuentra la calle que un día, merecidamente, le dedicó la ciudad de Sevilla. No podía faltar la corona de Rey Mago, ni un estoque taurino, ni la cabecera del periódico de su vida, ABC…y tampoco, algún defecto tenía que tener este hombre, el escudo del Betis

Con este largo y personal recorrido en el tiempo he querido poner de manifiesto que mi respeto y admiración por Nicolás Salas vienen de lejos, por eso me siento especialmente feliz y agradecido por su presencia en este almuerzo-coloquio organizado por esta joven asociación formada por andaluces veteranos, unos de nacimiento, y otros de corazón, como es el caso de nuestro ilustre invitado.

Trause.

Noviembre 2011.