LAS CASAS CAPITULARES Y LA DUALIDAD SEVILLANA

Hay quien se remonta a los primeros siglos de nuestra era, a la antigua Híspalis, a los orígenes romanos, para encontrar las primeras manifestaciones de la dualidad sevillana, o hispalense por situarnos en aquel tiempo, cuando al parecer, ya entonces la ciudad se dividía entre partidarios de Julio César, su fundador, y de Pompeyo. Pero sin necesidad de irnos tan lejos, observando la realidad actual, resulta evidente la dicotomía de una ciudad que geográficamente ya está dividida en dos por el Guadalquivir: Sevilla y Triana. También lo está deportivamente entre Sevilla y Betis y en su fervor mariano, Macarena y Esperanza de Triana y en su forma de entender la tauromaquia: Juan Belmonte y Joselito o en la de vivir la Semana Santa, entre el esparto y la capa o concebir el urbanismo a modo conservacionista a ultranza o partidario de modernizar la ciudad aunque sea metiendo la piqueta donde sea. Aquí nos encontramos a las personas más “rojas” y a las más “azules”, a las más elegantes y las más chabacanas, a las que se emocionan con los versos de Machado y Cernuda y las que lo hacen con las letrillas de los Cantores de Híspalis y la Pantoja. Ambas mitades componiendo un cuerpo único, dos personas distintas formando una realidad verdadera e indivisible llamada Sevilla.

Pues la casa consistorial, que es donde se encuentra la representación de todos los ciudadanos, no podía ser distinta. También es un edificio dual. Es un edificio que contiene dos perfectamente diferenciados en su interior y exterior; el renacentista del siglo XVI de Diego de Riaño (que se salvó de la piqueta de milagro en la batalla entre partidarios y detractores de unir la plaza de San Francisco con la Plaza Nueva, que en aquel momento se encontraba en proyecto) y el edificio neoclásico del XIX, de Balbino Marrón e intervenciones de Demetrio de los Ríos, ambos conforman un edificio con dos fachadas completamente distintas, la espléndida renacentista plateresca con vista a la plaza de San Francisco y la sobria neoclásica dando a la Plaza Nueva.

Teniendo en cuenta las facilidades que el Ayuntamiento concede para visitar su interior, el edificio es muy poco conocido por sevillanos y visitantes a pesar de su enorme valor artístico, sobre todo de la parte renacentista y muy especialmente de sus dos salas capitulares. Es una visita imprescindible aunque vayas acompañado por un guía amable, pero más preocupado por explicar la originalidad de los cromosomas de Carlos II “El Hechizado” o la apariencia de niña de Alfonso XIII en el cuadro que Gonzalo Bilbao pintó representando al rey niño acompañado de su madre, que en los autores de las obras o en la propia descripción artística de las mismas.

Abril 2018.

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