LA CATEDRAL DE TRIANA

Cuenta la historia, o la leyenda, que Alfonso X el Sabio, aquejado del “dolor del clavo”, una enfermedad ocular que hoy llamarían los médicos “glaucoma agudo”, se encomendó a Santa Ana, de la que era muy devoto, ofreciéndole la edificación de un gran templo en su honor si mejoraba de su dolencia. Así ocurrió y hace más de 750 años los mejores canteros castellanos y alarifes mudéjares se pusieron manos a la obra y comenzaron la construcción del primer templo de nueva planta que se levantaba en Sevilla tras su conquista en 1248.

Resultó un templo formidable, precursor del estilo gótico-mudéjar que imperaría en Sevilla durante más de cien años. Un templo fortificado en su exterior, debido a su ubicación extramuros, que se fue enriqueciendo artísticamente a lo largo de los siglos en los que fue acogiendo obras de grandes pintores, como Pedro de Campaña, que realizó los cuadros de la historia de Santa Ana, San Joaquín y su hija María, que decoran el altar mayor, o de Alejo Fernández y su Virgen de la Rosa, o esa interesante obra del “Maestro de Moguer” en la que entre Santa Justa y Rufina podemos apreciar la imagen de las dos márgenes del río, la de Sevilla y la de Triana, en una con las Atarazanas, la Torre del Oro y una Giralda aún sin el campanario de Hernán Ruiz, y en la otra Triana, con el castillo de la Inquisición y la iglesia de Santa Ana y frente a las Reales Atarazanas “el ingenio”, una estructura de la época utilizada para cargar los barcos.

También podemos contemplar la primera obra cerámica en España de Niculoso Pisano, que, milagrosamente, ha sobrevivido durante años a una peculiar superstición que aseguraba que encontraba marido quien diera siete patadas a esta lauda sepulcral que realizó Pisano para el caballero Íñigo López. Con buen criterio hoy se encuentra protegida de las implorantes patadas en una vitrina de cristal, tras el gran trabajo de restauración que llevaron a cabo, entre otros, Carmen Riego, que en su día acompañó a esta asociación a ver el resultado de otro magnífico trabajo de restauración, el de Santa María la Blanca.

También en Santa Ana podemos contemplar interesantes tallas, como la Divina Pastora de Astorga, o el Cristo del Socorro de Ocampo, o la Virgen de la Victoria, de gran valor histórico, al ser la imagen ante la que rezó Magallanes en 1519, antes de comenzar su vuelta al mundo y ante la que se postraron agradecidos, en 1522, Juan Sebastián Elcano y los diecisiete supervivientes de aquella gran proeza. Ésta y algunas otras imágenes que se hayan en Santa Ana, fueron rescatadas del antiguo convento de Los Remedios tras su desamortización.

En definitiva, un espléndido edificio con notables obras de arte, dignas de una catedral, “La catedral de Triana” como se le llama popularmente. Un edificio catalogado como bien de interés cultural que recomendamos visitar con un buen guía, como Emilio Rubio, de Atrium Cultural, que nos hizo una erudita y amena descripción del templo y en especial del retablo de Pedro de Campaña, recorriendo para ello los evangelios apócrifos de donde se extraen las distintas escenas representadas en el mismo.

Febrero 2018.

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