ANTEQUERA: CULTURA, HISTORIA Y NATURALEZA

Si tuviéramos que elegir un símbolo de la ciudad de Antequera tendríamos mucho donde escoger. Algunos elegirían los dólmenes, por su reciente declaración como Patrimonio Mundial. Otros se inclinarían por elementos naturales, también declarados Patrimonio Mundial, como La Peña de los Enamorados o El Torcal. También serían candidatos su colegiata, sus iglesias, el conjunto de la ciudad o incluso algún elemento gastronómico como la porra o el mollete. Combinando todos estos elementos de lo que no cabe ninguna duda es de que estamos ante una ciudad y un entorno histórico y natural de gran riqueza y personalidad.

Para esta breve reseña he elegido como cabecera una foto de Florencio Costán en la que se combinan historia, cultura y naturaleza. La historia y la cultura representadas por la escultura del poeta antequerano Pedro de Espinosa y el precioso entorno natural a sus pies, La Peña de los Enamorados, omnipresente en todas las vistas panorámicas desde los miradores de la ciudad, una peña que es algo más que una singular formación natural, es nuevamente la historia, la literatura y la naturaleza que se funden en la leyenda de amor medieval de cristiano y musulmana, que deciden morir antes que renunciar a una vida en común: “De la tajada peña se arrojaron y en el aire sus almas dejaron”.

Y, en el entorno de la ciudad, los misteriosos dólmenes, los orígenes de la civilización y el no menos misterioso Torcal, con esas originales formaciones kársticas modeladas a lo largo de cientos de millones de años, un paraje en el que te sientes un poco sobrecogido cuando paseas por él, sobrecogido y con una sensación de incredulidad, pensando que seguro que es así, pero que no acabas de asumir eso que lees o te explican, que pasear por el Torcal es pasear por un fondo marino de la época del Jurásico, es pasear rodeado de millones de conchas, esqueletos y caparazones de animales marinos, depositados en el fondo del antiguo Mar de Tetis, que han sido erosionados a lo largo de los siglos.
Definitivamente es una ciudad y un entorno que merece la pena conocerse y más aún de la manera que lo organizaron Juan Zafra y su mujer Maria del Carmen Toledano.

Mayo 2017.

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Fotografía de Florencio CostánFotografía de Florencio CostánFotografía de Florencio CostánFotografía de Florencio Costán