DUEÑAS: MEZCLANDO LLUVIAS Y CLAROS

La visita que hicimos a la casa de Las Dueñas me recordó la primera estrofa de las soleares que Lutgardo García dedicó a Las Teresas:

Mezclando lluvias y claros,
al igual que nuestras vidas
pasa la tarde de mayo.

Tuve esa sensación, no solo por razones meteorológicas, sino también por la propuesta que presenta la Casa de Alba para la visita pública de su casa de Sevilla. Vi luces y sombras y sentí algún chaparrón.

Había muchísimo público el sábado por la mañana que la visitamos, una cantidad de público que dificultaba realizar una visita serena y profunda y que, al menos a mí me dio esa impresión, tenía más interés por conocer los lugares por los que discurrió parte de la vida de una señora protagonista durante años de la prensa del corazón, que por profundizar en la historia de la casa de Alba, en los orígenes del palacio de Las Dueñas o conocer las obras de arte que alberga. Para constatarlo bastaba con ver la cola que había para entrar en una habitación que podría incluirse en una antología de lo kitsch, donde doña Cayetana daba sus clases de flamenco con Enrique el Cojo, una dependencia que tiene sus paredes decoradas con pinturas, entrañablemente flojas, realizadas por la propia duquesa, donde se puede ver uno de sus trajes de flamenca y como colofón, en un lugar preeminente, una bandera de la Federación de Peñas Béticas. Ahí es nada.

Se le ha dado mucha relevancia en los medios de comunicación al hecho de haber mantenido la casa tal como la dejó la difunta duquesa de Alba. Yo, en cambio, espero que a medida que se vaya moderando su mediático recuerdo, sin que ello se entienda como deseo por mi parte de menoscabar la memoria del merecido cariño mutuo que existió entre ella y la ciudad de Sevilla, espero, digo, que con el tiempo se ponga un poco de orden en el espacio y que se introduzcan algunas mejoras, aprovechando los importantes ingresos que se deben estar generando con el actual ritmo de venta de entradas.

Mejoras como, por ejemplo, la iluminación de las pinturas, que me pareció lamentable, o retirar algunos elementos de menor importancia, para que no resulte todo tan abigarrado y dar así mayor protagonismo a las obras de mayor relieve. También sugiero prudente, modesta y respetuosamente, suprimir actuaciones como dos retablos cerámicos contemporáneos, a los que no les falta, por supuesto, su cerrajería artística, con las imágenes de La Macarena y del Gran Poder, que, me imagino, los plantaría doña Cayetana, sin el menor reparo, a ambos lados del hermoso retablo del siglo XV atribuido al artista florentino Neri di Bicci, en la cabecera de la capilla del palacio, una capilla donde se conserva la azulejería del siglo XVI. Comprendo y comparto las devociones a las imágenes de nuestra Semana Santa pero creo que quizás merecería mayor prudencia cualquier actuación en el ámbito de esta bella e histórica capilla.

Ahora vayamos con las luces, que son muchas y muy importantes. La primera es que se haya abierto al público esta gran casa del Renacimiento, un mérito que hay que atribuir al actual duque de Alba y a las autoridades que lo hayan gestionado. Ello nos permite a sevillanos y visitantes disfrutar de unos maravillosos patios y jardines, especialmente hermosos en estos días de primavera. Nos permite contemplar el espléndido patio principal, el excepcional artesonado que cubre la escalera principal, magníficos tapices, algunos buenos cuadros, piezas romanas y almohades, como el brocal de pozo que se expone en el patio principal. Nos permite realizar una visita que nos estimula el recuerdo de personajes que allí vivieron, como los hermanos Machado, especialmente el de Antonio que cantaba en sus poemas al huerto claro donde maduraban los limoneros de Dueñas, o rememorar a otro personaje a quien debemos gran parte de la configuración actual de Dueñas, Catalina de Ribera, gran mujer del Renacimiento, insuficientemente reconocida, ella fue quién adquirió para su segundo hijo estas casas frente al convento de Las Dueñas que le dio su nombre. Fue también Catalina de Ribera quien, según el profesor Falcón, encargó a Francisco Fernández, un morisco a su servicio en la Casa de Pilatos, que realizara la capilla y otras dependencias del palacio.

Reitero las sugerencias de racionalizar el número de visitantes por respeto al espacio que se visita y para mejorar la experiencia de los propios visitantes; mejorar la iluminación de las pinturas; aligerar el contenido expuesto, lo que permitirá, insisto, dar más protagonismo a las mejores piezas. Esperemos, también, que, con un poco de tiempo, los guías oficiales profundicen en el conocimiento de la casa, de su historia y de sus obras pero, sobre todo, lo más importante, alegrémonos por poder disfrutar de este singular espacio cultural en Sevilla.

Mayo 2016.

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