MURILLO Y JUSTINO DE NEVE. EL ARTE DE LA AMISTAD.

Cuando llegó al Hospital de Los Venerables esta exposición, después de pasar por el Museo del Prado y antes de continuar su viaje hacia Londres para ser expuesta en la Dulwich Picture Gallery, tuve claro quien podría ser la persona perfecta para que nos ayudara a descubrir sus detalles y a disfrutar con esta excelente selección de, pocas pero excelentes, obras de Murillo, realizadas durante su madurez y fruto o consecuencia de su amistad con Justino de Neve. La persona era Teodoro Falcón, no solo por ser coautor del catálogo de la muestra, también por su conocimiento de la figura de Justino de Neve, en especial en su faceta de impulsor, promotor y mecenas de la reconstrucción de la iglesia de Santa María la Blanca. Teodoro era la persona perfecta porque a esos conocimientos une su capacidad de comunicación, qué algunos de nosotros ya conocíamos desde hace tiempo por haber sido uno de nuestros mejores profesores, a pesar de que en aquella época él comenzaba su vida docente y nosotros estábamos en una edad un poco difícil, justo cuando terminábamos nuestra vida escolar, .

Pues bien, Teodoro Falcón, catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, atendió con gran generosidad la solicitud que en este sentido le hizo nuestro socio y amigo Cayetano y nos acompañó y disfrutamos mucho con sus explicaciones sobre el edificio, su historia, sobre su fundador Justino de Neve, sus Valdés Leal y sus Lucas Valdés y, por supuesto, con esta exposición que tan bonito subtítulo lleva “El arte de la amistad”. Una amistad surgida entre pintor y mecenas que dio como frutos hermosas pinturas. El Museo del Prado lo explica mucho mejor que yo cuando dice “Entre ambos se estableció una relación profesional que pronto se transformó en auténtica amistad. Y de esa amistad nacieron algunas de las obras mas bellas y ambiciosas pintadas por Murillo en las décadas de 1660 y 1670, cuando había alcanzado su plenitud como artista”. Y de la belleza de esas obras fuimos partícipes, viendo algunas de ellas donde no las han visto en Madrid ni la verán en Londres, en el lugar para el que fueron pintadas, apreciando detalles que nos hubieran pasado inadvertidos de no haber tenido la fortuna de contar con Teodoro Falcón. Gracias en nombre de todos. Nos veremos pronto nuevamente, en la presentación que hará de su nuevo libro “Casas sevillanas. Desde la edad media hasta el Barroco”.

No quiero terminar esta breve reseña sin felicitar a la Fundación Focus Abengoa por haber acogido en su sede, una vez más, una importante exposición y por la importante labor cultural que viene realizando en Sevilla desde hace años. Es un privilegio contar en la ciudad con una institución como esta. También quisiera dar las gracias a su directora general Anabel Morillo y a Lola Campos por las facilidades que hemos tenido para la organización de la visita.

Trause.

Noviembre 2012.

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