CRÓNICA DE ALBARIZA EN LA VÍA VERDE DE LA SIERRA, DE UN ALEMÁN EN CORIPE Y DE UN INGLÉS EN GRAZALEMA

Lugar

Parque Natural de la Sierra de Grazalema.

Fechas

Octubre 2011

Hace unos años, un grupo de amigos, algunos de ellos miembros actuales de Albariza, realizamos la ruta del pinsapar por el Parque Natural de la Sierra de Grazalema. Nos encontramos con la sorpresa de que el guía que teníamos asignado por la Agencia de Medio Ambiente era inglés, de Londres concretamente. Superados los primeros momentos de incredulidad y olvidándome de tratar de responder a preguntas elementales como ¿Cuántos de los muchos jóvenes universitarios andaluces en paro, licenciados en Biología, Medio Ambiente, Montes, etc… podrían estar haciendo este trabajo? comencé a hacerle preguntas a nuestro guía para saber algo de su historia, para saber cómo había terminado de guía en Grazalema. Su respuesta fue muy fluida. Tenía pinta de haberla explicado un montón de veces. Seguro que a lo largo del tiempo, a medida que iba repitiendo la explicación a unos y otros curiosos como yo, iba incorporando adornos más o menos reales, pero, básicamente, la historia se resume en: Vacaciones en España, hartazgo de su vida en Londres donde trabajaba de profesor en un colegio, enamoramiento del paisaje, el clima y el modo de vida de la sierra de Cádiz y decisión final de trasladarse con su familia, cosa que terminó haciendo (incluida su suegra). Buscó un pueblo de la sierra de Cádiz donde poner una academia de inglés y posteriormente empezó a colaborar con el Parque en las visitas al pinsapar de grupos de habla inglesa, siendo finalmente guía para todo tipo de grupos. Tengo que decir que me pareció un guía excelente, que no se limitó a hablarnos, muy bien por cierto, de pinsapos y buitres, sino que durante el recorrido nos fue ilustrando sobre los modos de vida presentes y pasados en la sierra, sobre los distintos usos que los habitantes de la zona hacían de las distintas plantas; desde aquellas que se utilizaban para curar alguna dolencia hasta otras que eran muy valoradas por la suavidad con la que te acariciaban el trasero en el momento de limpiarte tras regalar un montón de abono a esa maravillosa flora. No se si continuará de guía, pero si vais a visitar el parque, buscadlo, merece la pena.

El otro día la sorpresa la tuve en Coripe adonde los más intrépidos de la asociación, los indomables, los insensatos, los más aventureros, yo que sé que adjetivo utilizar, nos fuimos a caminar por la Vía Verde de la Sierra en un día de bastante calor. Contratamos un taxi para que nos recogiera en Navalagrulla y así no tener que volver andando al punto de partida que era la estación de Coripe y, agárrate, el taxista era alemán. Sí, sí, alemán, como Ángela Merkel. Dieter es su nombre. Alto, pelo rubio, muy bronceado por el sol y hablando un maravilloso español con acento serrano andaluz. Dieter es de un pueblo cercano a Stuttgart donde trabajaba para una empresa de automóviles y allí conoció hace más de veinte años a una coripeña que hoy es su actual mujer. Comenzó visitando Coripe en vacaciones, después fue alargando sus estancias en el pueblo tres meses cada año, hasta que tomaron la decisión de instalarse definitivamente en este pueblo de la sierra sur de Sevilla. Dieter, no te entiendo, le decía yo, ahora que hay en España cantidad de jóvenes que miran hacia Alemania, como hacían antaño sus abuelos, tratando de buscar un futuro allí que aquí no encuentran, resulta que tú te vienes para acá, a un pueblo que no llega a 1.500 habitantes, con el doble de defunciones que nacimientos y con el 40% de la población mayor de 65 años (la verdad es que los datos estadísticos los he mirado después de hablar con él, pero queda bien ponerlos ¿no?, es ilustrativo). No es una cuestión de dinero, me dijo, es de calidad de vida. Aquí vivo mucho mejor que en Alemania. Si tuviéramos hijos, cosa que no ocurre, no lo hubiéramos hecho porque les estaríamos condicionando su futuro. Amén Dieter. No cabe discusión. Para salir adelante vende seguros de Santa Lucía y se compró un taxi. Montó su pequeña empresa de transporte de viajeros, Andicar se llama (691448722 es el teléfono para contratar), sus clientes son los de la Vía Verde y también grupos de alemanes que le envía una señora de esa nacionalidad que un día conoció en la misma Vía Verde y que resultó ser la propietaria de una agencia de viajes en Alemania. A estos grupos les organiza actividades combinadas de cicloturismo por la sierra, con visitas en coche a ciudades andaluzas como Sevilla, Granada y Córdoba. Ya sabéis el teléfono por si necesitáis contratar a Dieter, pero si preferís contactar con él por mail, su dirección es andicar@gmx.es. También podéis seguirlo a través de su muro en Facebook AndicarTaxiCoripe. Espero que sea un hombre agradecido y que después de esta publicidad gratuita en esta web líder en internet nos haga una rebajita la próxima vez que Albariza necesite sus servicios.

Entrando en nuestra excursión, la parte organizativa estuvo perfecta por parte de Cayetano y Ana que se encargaron de la misma: Documentación, horarios, duraciones de recorridos, taxis en Navalagrulla y Olvera, comida en el restaurante el Puerto de Olvera (muy bien en calidad y precio) y la interesante visita al centro de interpretación de la Vía Verde, en el peñón de Zaframagón donde visionamos en directo buitres a través de una cámara que tienen instalada a escasos doscientos metros de sus nidos. Me gustaron los seis primeros kilómetros de recorrido entre la estación de Coripe y el peñón de Zaframagón, por su relajante paisaje y por la novedad que era, para mí y para muchos de nosotros, hacer un camino atravesando tantos túneles. Creo que también disfruté porque iba fresquito y con una estupenda tostada de pan de bollo con aceite en el cuerpo que me tomé en la estación de Coripe antes de salir. El paisaje desde el peñón hasta llegar a Navalagrulla me resultó mucho menos atractivo, afeado por el otoño tan seco que estamos viviendo. El río Guadalporcún discurría con poquísima agua y su afluente el Guadamanil estaba completamente seco. Además, un intenso calor nos apretó en esa última parte del recorrido, calor que favoreció alguna pájara durante el camino y un susto durante la comida, que, afortunadamente, no tuvieron mayores consecuencias.

Trause. Octubre 2011.

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Foto: Florencio CostánFoto: Florencio CostánFoto: Florencio CostánFoto: Florencio Costán